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Entrevista a José Celso Martínez Correa: “Deseo que el teatro sea un deporte de multitudes”

Entrevista a José Celso Martínez Correa: “Deseo que el teatro sea un deporte de multitudes” (Jairo Máximo – elsiglodeuropa.es)

José Celso Martínez Correa (Araraquara, Sáo Paulo, Brasil, 1937) es director de teatro, autor y actor. Artista multidisciplinar, es un referente en la dramaturgia contemporánea brasileña. En 1958 fundó el Teatro Oficina de Sáo Paulo. “La más antigua y más joven compañía teatral brasileña. No nos fosilizamos”, constata. Hoy se hacen llamar OficinaUzynaUzona. En esta entrevista concedida en Sáo Paulo, Martínez Correa afirma:”La cultura más fuerte hoy es la del ditirambo dionisíaco”.

- Don Quijote dijo: “Yo sé quién soy”. Y usted, ¿sabe quién es?

—Yo no, yo sé quién no soy,
qué estoy siendo, casi siempre, pero a veces no siendo. Es raro pero a veces desaparece el alma erótica, muero en unos tiempos muertos. Me siento siendo en la intensidad amando en la pollaanuscama, en la pista del teat(r)o OfinaUzynaUzona, actuando, bailando la samba, cantando, escenificando. Pero cuando estoy siendo, ser-estando, ni sé de mí, estoy viviendo. Si soy obligado por la burocracia a ser algo, tener un logo, sufro con eso. Detesto esa especulación de la división mecánica del mundo, soy holístico, vivo en el cuerpo sin órganos del cosmos, viviendo, muriendo, siendo… en el tiempo… y en el contratiempo.

—¿Siente desasosiego?

—iClaro! Me inquieta el hecho de que Brasil no asuma ahora, inmediatamente el liderazgo en la descriminalización total de lo que llaman drogas, y transfiera su control al Ministerio de Salud, para garantizar una buena calidad de las mismas, y a los Ministerios de Educación y de la Cultura para la libertad de su consumo creativo. Sufro cuando sé del genocidio diario de una multitud de niños, la mayoría negros, los recaderos del narcotráfico. Todo eso avergüenza a las futuras generaciones, como nos avergonzamos del holocausto y de la inquisición, que infelizmente persisten hasta hoy. La criminalización de las drogas sólo interesa a la industria y al comercio armamentista. En cuanto esto no suceda, y se niegue la obviedad de que la guerra contra el narcotráfico es un fracaso, nadie va a tener sosiego. La violencia continuará más fuerte aún. No creo que la violencia vaya a desaparecer del mundo, pero este exterminio de millares de seres humanos, que mata más que las guerras explícitas, simplemente no es necesario. Me causan desasosiego también los monismos, los que aún creen que existe una sola verdad, un solo camino. Las tres grandes religiones heredadas de los imperios continúan atormentando nuestra especie culpabilizando, desacralizando lo más bello que tiene la vida: el amor, la sexualidad, la sensualidad, el erotismo. Son profanadores de lo sagrado e idiotas, pues no se percatan de la biodiversidad de las perspectivas múltiples, de los millares de interpretaciones que existen en la historia siempre haciéndose eco de la vida humana, animal, mineral, vegetal…

—¿Quién descubrió a quién: usted al teatro o el teatro a usted?

—Los dos. Es siempre una cuestión semejante al amor del amante y del amado. Nosotros, actores en un primer momento, somos amantes, vemos al otro divinizado, y si el otro nos percibe con nuestros ojos de pasión, se evidencia la magia. El teat(r)o es la propia vida. En todo momento estamos actuando, con las máscaras necesarias de Dioniso que utilizamos desechablemente cuando necesitamos prácticamente actuar. Pero en la esfera jodida de los estetas, del arte, del amor entre poetas, cuando conseguimos el ello apasionado con el otro, nuestro otro, y el otro que no somos nosotros, el otro multitud se genera el fenómeno de la estasis, de la catarsis, del teat(r)o. No es un arte de dirección única. El teat(r)o existía antes de mi surgimiento en el mundo, él me encantó, pero cuando me he entregado a él en mi segundo nacimiento, cuando compuse con 21 años mi primera música de introducción a mi primera pieza, que me vino a la cabeza en 40 minutos, descubrí que estaba dentro de este arte. Que él me había parido, pero de ahí en adelante sería yo también generador de él, él desearía y necesitaría de mi creación con la de muchos otros, con compañías, tiazos, como se habla en la lengua del fuego de Dioniso.

—¿Qué pretende con su teat(r)o?

—Como tú ya te habrás percatado, yo escribo teat(r)o con la erre entre paréntesis. Creo que es un arte ligado al acto, a la acción, al movimiento. No de una intriga, de un drama, de un plot, como dicen los estadunidenses. Detesto el drama. Mi pasión es la tragykomédiorgya, la acción ligada a la fatalidad de las muchas muertes en vida, muchas muertes iniciáticas, pues la vida es deliciosamente trágica. La cultura más fuerte hoy es la del ditirambo dionisíaco, que está en la samba, en el funk, en el rock, en el hip-hop, en la salsa, en fin, en todo lo que mueve el trasero, gira al son del tambor, en el canto, en la danza, alrededor del fuego o en la pista cíber. La orgía renace en un mundo pos newtoniano, pos mecánico en todo lo que se interrelaciona y el amor se libera de la prisión edipiana del micro estado de la familia. Nosotros montamos El Banquete, que transcribimos en verso y música, y liberamos de las visiones de los monjes medrosos de la Edad Media, que defendían la idea del amor platónico, sin el amor carnal, separaban el cuerpo del alma, si no eran quemados. Resumiendo, deseo que el teat(r)o sea un deporte de multitudes, como fue para Ágatao, personaje que ofrece El Banquete viniendo de una representación para treinta mil mortales.

—¿En qué consiste el trabajo del artista?

—Como Rimbaud decía: “Yo es un Otro”. El artista es este otro que caga su ego y se enchufa en las energías del cuerpo sin órganos de cada instante y crea más vida. Es más un desconstructor. En el acto de desconstruir las formas de la sociedad de espectáculos, producción del ego para vender su pescado. Corral de esclavos dentro de una prisión sin vida, pero de mucho lujo. El artista empieza por descolonizar su propio cuerpo, que en Occidente es regido por una irracional razón localizada en una parte del cerebro, como un Papa, un rey o un general que esclaviza su instinto y su encuentro con lo surreal, con el Otro, con el sueño. El artista saca las viseras de esta sociedad de cautiverio y entra en contacto con la cosa en sí, como el fenómeno sin nombre, sin dueño, sin marca, que son las cosas de la vida. El artista esun gran libertador de la consciencia positivista aprisionada del rebaño, e introduce el cuerpo en el universo descolonizado, errante viajero con el sol, sincrónicos a los millares de micro y macrouniversos.

—¿Qué representa para la historia del teat(r)o brasileño 51 años de vida de mítico Teatro Oficina, hoy denominado OficinaUzinaUzona, en Sáo Paulo, del cual es su fundador, director y alma máter?

—Somos la compañía más vieja de Brasil y la más joven al mismo tiempo. No nos fosilizamos. No somos uniformes, vivimos en el equilibrio desequilibrado de la samba, siempre cambiando generaciones, cada vez más mestiza, con gente de todas las edades, culturas, teatros, en un mestizaje completo con la era digital, mezclando cine, web, comunicación directísima, toque físico y virtual en el público, música, danza, todo, es decir, panteat(r)o.

—¿Teat(r)o es milagro o hace milagro?

—Las dos cosas.

—”La dictadura brasileña (1964-1985) fue una dictablanda”, constató recientemente en un editorial el periódico Folha de Sáo Paulo. ¿Escribiría lo mismo si el joven heredero Octavio Frías hijo hubiera sido torturado cuando por entonces ya era un joven vip?

—No existe dictadura blanda. Fue una violencia para todo el mundo lo que pasó en el Tercer Mundo, que buscaba la oportunidadde emerger en medio de la guerra fría. Hoy los editoriales de prensa ejercen una dictadura enorme. Nuestro presidente Lula, al que yo adoro, viene dando verdaderas clases de filosofía en las entrevistas con estos periódicos. Él sugiere a los periodistas que no obedezcan a sus editores, y entonces es considerado enemigo de la libertad de prensa por los gélidos Frías.

—El Itaú Cultural de Sáo Paulo “abre sus puertas para que el público se adentre en el mundo de un inventivo, osado y vigoroso creador del teatro brasileño”. ¿Qué le parece éste reciente homenaje?

—Fue deslumbrante la creación de los dos artistas que compusieron la exposición; Marcelo Drummond, el actor protagonista de Hamlet, de Dioniso en Bacantes, de Euclides da Cunha en Os Sertóes, y de Elaine Cesar, artista cíber. Ambos, que transcienden sus actividades específicas, son grandes artistas plásticos, vídeo músicos creadores, continuadores hoy en la era digital de la línea estética de los penetrables de Helio Oiticica (1937-1980), hicieron una instalación inspirada, envolvente, un laberinto, que podemos llevar a cualquier parte del mundo. Los que se adentraban en las salas de la performance, una de ellas prohibida para menores de 18 años, asistían a los momentos del arte erótico más fuertes que el OficinaUzinaUzona creó, y que es uno de sus platos fuertes.

—”El dinero no contiene energía… pero es un buen lubrificante” (anónimo). ¿Sí o no?

—Tiene energía sí señor, sólo que hoy es virtual, se va tirando con las tarjetas de crédito, es como Exu (divinidad de la mitología africana), abre caminos. Pero la mayoría del dinero se va a la industria de la guerra. El 20 por ciento que va para que las personas podría no sólo acabar con el hambre en el mundo, sino también dar un salto en la humanidad a la altura de la era en que estamos viviendo. El capital es bienvenido, pero el problema está en el “ismo”. Capitalismo y en todos los “ismos”. No acepto ninguno.

—Zé Celso, ¿usted es un hombre feliz?

—Maiakovski escribió en uno de sus poemas: “En algún sitio, creo que en Brasil, existe un hombre feliz”. Creo que no soy este hombre, pero soy un hombre alegre. La alegría es la prueba de los nueves, es lo que mueve mi deseo.

TNT Territorios Nuevos Tiempos – Atalaya

TNT Territorios Nuevos Tiempos – Atalaya (basiliopozoduran – blip.tv)

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‘Boris Godunov’, de La Fura dels Baus: metateatro en estado puro

‘Boris Godunov’, de La Fura dels Baus: metateatro en estado puro (papelenblanco.com)

La Fura dels Baus está llevando por teatros de todo el mundo su Boris Godunov (2008), una obra que rompe la cuarta pared creando un juego de planos que es metateatro en estado puro y que reflexiona sobre el nuevo mundo de Estados totalitarios supuestamente democráticos.

Creada a partir de una idea original del director artístico Álex Ollé, y del texto escrito por David Plana (la dirección escénica y la dramaturgia corren a cargo de ambos), está inspirada en el secuestro del teatro Dubrovka en 2002, llevado a cabo por un grupo de terroristas chechenos. Después de que las negociaciones fracasaran durante tres días, el ejército ruso intervino (incluyendo la introducción de gas letal por los conductos de ventilación), causando la muerte de 41 asaltantes y 130 inocentes.

En un primer plano, la obra a la que asistimos es ‘Boris Godunov’ (1831), de Aleksandr Pushkin, que cuenta la ascensión política del que vendría a ser zar entre 1598 y 1605. Y ya desde el primer momento nos encontramos con el principal elemento escenográfico: una pantalla (formada por cuatro paneles móviles) de ocho metros de largo que en un principio recrea el interior de un palacio ruso y cuyas imágenes se mueven con la acción de los actores.

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Unas escenas después, se oyen unos ruidos y comienzan a entrar terroristas por todos lados. En ese momento, la acción sale del proscenio y ocupa toda la sala. Con una rapidez coreográfica digna de elogio, en apenas dos minutos los nuevos actores (que han de adaptarse a las características especiales de cada edificio) secuestran a todos los ocupantes del teatro: a los intérpretes de la obra de Pushkin y a nosotros los espectadores.

A partir de entonces, crece la importancia de los elementos digitales; así, algunas de las bombas colocadas por los terroristas poseen cámaras que un técnico maneja para que podamos ver planos más cercanos de la acción en el patio de butacas. Además nos sorprenden con la proyección de parte de la trama que ocurre por los pasillos o el vestíbulo del edificio. Y no sólo eso, sino que van más allá con la reproducción de las reuniones del gabinete de crisis del gobierno o con imágenes que la televisión estaría emitiendo sobre la actuación terrorista. De este modo, la pantalla nos recrea de manera virtual espacios físicos de la obra.

Esta introducción de arte audiovisual espantará a los puristas más trasnochados pero a mí me parece todo un alarde de un teatro moderno que juega con la multiplicación de planos. A saber: la escenificación del ‘Boris Godunov’ de Pushkin, el acto terrorista que irrumpe en la sala, lo que ocurre en el resto del teatro y sus aledaños, las escenas en la sede del gobierno, las imágenes de televisión… hasta llegar a nosotros mismos, espectadores y mudos protagonistas secundarios. Flaco favor se haría el teatro en este siglo si diera la espalda ya no sólo a los elementos audiovisuales sino también al lenguaje cinematográfico; tan absurdo como un padre que piense que no puede aprender nada de su hijo.

Además, esta propuesta tan compleja y arriesgada funciona en gran parte gracias al trabajo de dos actores excelentes: Òscar Rabadán que se encarga de los papeles de Boris Godunov y del actor que hace de éste, y Pedro Gutiérrez, como líder terrorista. Ambos, sin apenas cruzarse en escena, llenan el teatro con sus interpretaciones. El primero, además de un inquietante monólogo inicial, cada vez que sale representando al político ruso, te hace olvidarte de que hasta hace un momento estabas en medio de un acto terrorista. El segundo, por su parte, te obliga a sentirte dentro del secuestro, subyugando a todo aquel que osa cruzarse con su mirada.

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La Fura dels Baus crea un verdadera maravilla metatreatal, viajando de la representación del texto de Pushkin a la ocupación armada de dicha función, haciéndonos no sólo cómplices sino auténticos personajes de un drama cuya verosimilitud viene refrendada por la realidad. La tragedia del nuevo terrorismo post 11-S es un tema nuevo para el teatro; por lo tanto, el uso de un lenguaje y unos códigos modernos es un acierto que debe ser aplaudido.

El ‘Boris Godunov’ de la Fura reflexiona sobre la sinrazón de la violencia como medio para lograr un objetivo. La violencia de los terroristas, claro está, pero también la de los estados democráticos modernos, dispuestos a devorar a quien sea con tal de mantener el orden establecido. Porque en muchas vicisitudes de la vida, nadie puede asegurar quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Porque, después de todo, sólo queda clara una cosa: la violencia sólo sirve para dirimir quién es más salvaje.

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